CAPITULO X

Anfisa se mordió el pulgar con ansiedad y miró el asiento vacío qué encabezaba la gran mesa del comedor. Había pasado una semana y Thomas seguía aparentemente molesto.

“¿Tampoco vino a desayunar?”, le preguntó al mayordomo encargado de la casa que estaba en un rincón, supervisando que todo estuviera bien. Su tono era tranquilo pero ella estaba nerviosa.

Incluso se había saltado el desayuno para que Thomas pudiera bajar a comer algo. Tal vez no fue al comedor por ella.

Henry, el mayordomo leal y
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Lupita Quevedo QuevedoOh mi Dios, qué pasará
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