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Capítulo ochenta y dos 

Mis ojos brotan lágrimas amargas que quiero quitar con mis manos, pero no puedo, en cada lugar donde me golpeó siento como si me hiriera internamente cortándome toda, —Tengo un trato para ti. Eres fuerte y si no quieres pasar toda tu vida aquí, si no es que te mato antes, dirigirás a los guerreros ante todas las batallas —niego y sonrío. 

—Mátame, total no me

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