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Capítulo cuarenta y dos 

—Sube —le hago caso y ya adentro me adelanto a ponerme el cinturón y a esperar que el arranque para ir a nuestro destino. 

—¿No comiste cierto? —asiento. 

Giro encontrándome con la cara de la lagarta, doy una sonrisa burlona—No logré hacerlo porque tu novia estaba ahí —conduce fuera de la casa y nos incorporamos al tráfic

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