El rugido persistió, resonando en las paredes del estrecho pasillo. La anticipación se apoderó del grupo, que se preparaba para el encuentro con la fuente del estruendo. Entre las sombras emergió una criatura imponente, con ojos brillantes y escamas relucientes.
Amaris, analizando la situación, levantó la mano, indicando a su grupo que se detuviera. —No ataquen de inmediato. Algunas de estas criaturas pueden ser hostiles, pero otras podrían ser guardianes del Abismo Oscuro. No queremos provocar