En cuanto colgó, Jess dejó escapar un profundo suspiro de alivio y, nerviosa, se mordió la parte interior de la mejilla mientras tomaba el camino de regreso a las mazmorras.
No podía darlo por hecho, pero confiaba en que Dave había creído en la razón que tuvo para llamarlo. Por lo menos, no le había hablado en mala forma ni le había prometido matarla. Eso, a su modo de ver, sugería que al menos no la había descreído por completo.
El resonar de sus pasos por el hueco de la escalera le provocó un