Minerva llegó una hora después de recibir el mensaje de Amaris donde le aseguraba que estaba bien. Metió la mano en el bolso y revisó su teléfono por si tenía más mensajes de ella, pero el buzón estaba vacío.
Mientras miraba la pantalla sin mensajes nuevos, se mordió el labio y frunció el ceño, sintiéndose más nerviosa.
‘Amaris, te juro por mi padre que si te has metido en problemas por ser tan ingenua y sin tener en cuenta tu propio bien…' Pensó enfadada mientras cerraba la puerta del auto y e