Esperaba su furia. Que me regañara por ser tan descuidada y arriesgar a nuestros hijos. Él no hace eso. En cambio, hace algo que nunca esperé que hiciera.
Me agarra y me pone en su regazo. Al principio me pongo rígida por miedo a que se dé cuenta de lo que acaba de hacer y me empuje abajo. Cuando eso no sucede, me hundo y me relajo contra su calidez. Apoyé mi cabeza sobre su hombro. Su tentador aroma me calma.
"Admito que fue jodidamente estúpido de tu parte no decirme lo que pasó", comienza y