"¡Max!".
Era uno de los guerreros que estaba de guardia hoy. Da la vuelta a la esquina y entra en la habitación. Cuando nos ve, frunce un poco el ceño. Probablemente preguntándose por qué estábamos en el suelo.
"¿Sí, Luna?", pregunta con una pequeña reverencia.
"Por favor, vigila a los niños. Fueron a jugar cerca del estanque", le digo temblorosa.
Se nos queda mirando un rato antes de asentir. Luego se va, siguiendo a los niños. En cuanto lo hace, me desplomo en el suelo. Me paso las manos p