La sostengo hasta que deja de sollozar y, de repente, jadea y me empuja.
“Oh, Dios mío… ¿mi bebé?”, casi grita.
Así que sí sabía lo del bebé. “Tranquilízate, Red. El bebé está bien, aunque hubiera preferido escuchar de tu propia boca que voy a ser padre”.
“Lo siento. Iba a decírtelo durante la cita, pero todo se arruinó cuando reaccioné de forma exagerada”. Dice con la voz llena de remordimiento.
Quería enojarme con ella por no decirme, pero ¿cómo podría? Todo esto me mostró lo impredecible