Lord se separó ligeramente del cuerpo que temblaba debajo de él para admirar en medio de la oscuridad, con sus orbes relucientes las marcas que había dejado en todo el cuello de la mujer y que ahora se extendían desde allí hasta su clavícula y terminaban en uno de los pechos que acababa de soltar. Se relamió el hilo de saliva que unía su lengua con la piel enrojecida. Se sentía orgulloso de su trabajo, así debía estar siempre la piel de su compañera.
Aun así, no bajaba la molestia en su interio