99 Silencio.
Minutos después llevaron a Calíope al aposento, Daren vio que tenía las manos esposadas.
—Desposenlo, ya no está arrestado.
Le quitaron las esposas.
—Retirense —les dijo a los guardias—. Qué nadie me interrumpa mientras estoy en este aposento.
Los guardias salieron del aposento y se quedaron afuera cuidando la puerta.
Calíope sacudió sus manos, pues le dolían las muñecas, al mismo tiempo habló y dijo:
—¿Cómo está Aurora?
—Ya le están dando atención médica para bajar la fiebre. ¿Desde cuá