50 Te irás acostumbrando.
Gabriel regresó un par de horas después, yo me encontraba metida en mi cama, estaba mirando las noticias por redes sociales con mi tablet.
Me dolía todo, especialmente mis pies, pues tenía ampollas producto de todo lo que había caminado en el bosque y de regreso a la mansión.
Él entró a mi habitación sin antes tocar, supuse que estaba enojado, y no me equivoqué, tenía una dura expresión.
—¿Dime qué hiciste?
—No preguntes lo que ya sabes.
—¡Dimelo!
—No quiero oír tus gritos.
Me quitó la tablet