108 Sociego.
Aurora.
Yo estaba embelesada, sosteniendo a mi cachorro entre mis brazos, sentí una felicidad inmensa, pero a la vez también tenía mucho miedo, de que solo fuera un sueño, necesitaba que nadie me despertara jamás, podría quedarme así por la eternidad.
De repente oí la dulce voz de mi niño.
—No llores más.
No me había dado cuenta que estaba sumida en el llanto, al apercibirme abrí mis ojos y sonreí, con el dorso de mi mano me limpié las lágrimas.
—Perdón, no quiero preocuparte, es que estoy mu