*—Callum:
Todavía no entendía qué había pasado hace un momento.
Callum lloraba con un llanto seco, desgarrado, mientras Jessie intentaba limpiarlo con toallas húmedas, pero no era suficiente. Nada lo era. Se sentía asqueado, repugnado, como si su cuerpo le perteneciera a otro. Estaba empapado en sudor, en saliva, en semen y en sus propios fluidos. Cada rincón de su piel le ardía, no solo por el roce, sino por la humillación, por la impotencia.
No podía creer lo que acababa de suceder.
Esa mañan