Capítulo 64.
Capítulo 64
Arya.
El tiempo dejó de medirse en horas para dividirse en frascos vacíos y sábanas manchadas. Llevaba cuarenta y ocho horas sin descansar, sosteniéndome en pie solo por la adrenalina y el terror que me provocaba ver a Kael pálido, luchando por cada bocanada de aire en la habitación contigua al laboratorio.
Mi ropa era un desastre de ungüentos verdosos, ceniza y el persistente aroma a vinagre que usábamos para desinfectar.
La mansión era un hospital de guerra. Los pasillos, antes pulcros, ahora estaban bordeados de catres donde nobles y plebeyos se retorcían por igual.
—¡Lady Arya! ¡Por favor, mi hija no despierta! —la baronesa Liot, una mujer que hace un mes me miraba como si yo fuera una mancha en su alfombra, se aferraba ahora a mi bata con manos temblorosas.
—Póngale compresas de agua fría en el abdomen y dele dos gotas del extracto de raíz de fénix cada hora —le dije, sin mirarla, mientras machacaba desesperadamente un puñado de bayas secas—. ¡Siguiente!
—¡Es un hono