Sofía enterró su rostro en mi pecho, abrazándome fuertemente, sin decir palabra. Comprendí que no estaba de ánimo para hablar, así que no la presioné. En su lugar, le di suaves palmaditas en la espalda: —No tienes que decirlo si no quieres. Pero debes saber que sin importar lo que pase, mamá siempre estará a tu lado.
Pasó mucho tiempo sin que Sofía respondiera. Cuando pensaba que no contestaría, ella emitió un suave "mm". El hecho de que estuviera dispuesta a responder significaba que solo era a