—También le preguntamos a Gabriel, pero tampoco quiso decir nada.
Daniel tomó a Sofía mientras miraba a Gabriel a lo lejos. El niño instintivamente se escondió detrás de sus compañeros. Sin saber qué le había dicho Gabriel a Sofía, Daniel no podía reprenderlo, así que apartó la mirada y alzó a su hija.
—¿Por qué nuestra Sofía está triste? —preguntó con una voz inusualmente suave.
La pregunta hizo que las lágrimas comenzaran a caer por las mejillas de Sofía. Sus ojos redondos, llenos de lágrimas,