Ahora, dejando atrás el pasado, se había vuelto gentil y fuerte.
Aunque estaba muy enojado antes, al abrazarla, todas sus emociones negativas se desvanecieron. Su corazón se tranquilizó.
Daniel, habiendo resuelto el asunto con Regina, no pensaba perder más tiempo en ello. Sacó su teléfono y llamó a su secretaria:
—Mañana, antes de que empiecen las clases en el jardín de infantes, quiero que todos en la escuela sepan lo que hizo Carolina.
—De acuerdo.
***
Gabriel abrió la puerta. Las luces de la