La expresión alegre de Carolina se desvaneció inmediatamente. En su mente, ya contaba con el dinero de Joaquín como propio, así que la perspectiva de gastar en Gabriel le resultaba tan dolorosa como si le arrancaran parte de su carne.
Aunque estaba profundamente molesta, se contuvo de mostrarlo frente a Joaquín y agachó la cabeza, fingiendo elegir con sumisión. Tras meditar un momento, se le ocurrió una alternativa: —Joaquín, nos hemos excedido mucho hoy. Sé lo arduamente que trabajas para conse