Mar aceptó la bebida caliente mientras su esposo permanecía dando una vuelta por el jardín, su excusa para dejarla a solas con Pamela.
—¿Así que te has convertido en una excelente pianista? Estoy feliz por ti.
—Gracias. Pamela no te quiero incomodar, sé que ni siquiera debería estar aquí.
—Descuida. ¿Has tenido una vida tranquila? —quiso saber, tragando duro.
—Supongo, mis padres me han estado apoyando desde entonces. Pamela, últimamente estaba pensando en ese pequeño, ni siquiera lo quise