Guido se puso a su lado.
—Ahora qué has mirado la fachada de la casa y sabes que vive aquí, deberíamos marcharnos.
—No, Guido. Me gustaría hablar con Pamela, sé que ella está allí y me recuerda todavía.
Su prometido no estaba de acuerdo con ello, se estaba metiendo en un pasado que no tenía que involucrarla otra vez.
—No, vayamos a casa. No será nada bueno.
—Ya te dije que hablaré con ella. Ahora que estoy aquí, no pienso retirarme hasta conseguir verla.
—¡Dios mío, Mar! Ni siquiera tienes