—No sé si lo notaste pero literalmente gritaste que amas a Idan —le recordó Micah a Cielle de camino en el auto.
Después de salir del hospital y, esperando haberse librado por el momento de Fenith, suponían que podrían al fin ir a algún lugar menos alejado. Al final habían decidido llevar a Cielle a la mansión de la familia Rymer, donde estaría a salvo.
—No me lo recuerdes lo sé —bufó de mala gana el abogado —. Lo peor es que él lo escuchó.
—¿Y por qué sería eso lo peor? —preguntó confuso