Capítulo 173 —Su lengua, su apellido
Narrador:
La mansión estaba en silencio, pero no era calma: era la espera del filo antes del golpe. En el salón principal, Aylin permanecía sentada, pálida, con los ojos hinchados de tanto llorar. Eros no dejaba de caminar de un lado a otro, con la furia marcada en cada gesto, mientras Sasha estaba en un rincón, abrazando a Mateo que ya se había quedado dormido del agotamiento y del llanto. Leonardo, rígido, se mantenía de pie cerca de la ventana, sin apartar