En una lujosa limusina blanca que tenía todo tipo de excentricidades, llegó por fin Valentina, ella había bebido un par de copas de champaña, más antes de salir se había metido una menta a la boca, no quería que Lizandro la regalara por beber
Fue un discusión de al menos dos horas cuando la bella arqueologa pidió que su maestro la entregara al altar, el Alfa se negaba por qué sabía que a ese lobo intelectual le gustaba su luna, lo quería lo más lejos de ella como se pudiera, pero viendo que su