La voluntad de la luna Alejandra.
Bajo la fuerte tormenta, el Alfa y su beta corrían lo más que podían, ni siquiera podían ver nada frente a sus narices. Pero eso no les impedía seguir avanzando aunque a ciegas
Por el link el lobo del beta Patricio, Lacan, se comunicaba.
— Esto está imposible, la lluvia no se detiene, al contrario, se arrecia más.
— No nos vamos a detener, no cuando mi cachorro corre peligro, solo ten cuidado por donde pisas.
(...)
Mientras tanto en el hospital de la manada los betas deambulaban c