Eco.
—Ey...— sacude mi hombro —. Despierta.
Entre abro los ojos, aunque aún tengo la vista borrosa puedo ver que el lugar se encuentra libre de neblina, es similar a un bosque solo que con muchas rocas. Demasiadas diría.
—¿Que...— me quejo, las rodillas me duelen y el cuello también —...pasó?
—Vamos, te explicaré después— pasa mi brazo sobre sus hombros y me ayuda a caminar.
—Gracias.
—De nada— sonríe o eso creo que hace.
Durante el recorrido colinas arriba mis ojos se acostumbran a la extraña