Me desperté con el peso de su brazo sobre mi cintura y la respiración caliente de Lorenz contra mi nuca.
La manta se nos había resbalado durante la noche y el aire fresco de la madrugada nos rozaba la piel desnuda. Afuera, el mar todavía estaba oscuro, pero ya se adivinaba el primer cambio de color en el horizonte.
Me giré con cuidado hasta quedar cara a cara con él. Tenía el ceño ligeramente fruncido, como si incluso dormido estuviera concentrado en no soltarme. Le pasé el dedo por la líne