Y lloraba de manera desconsolada, en lo que sintió una cálida mano, sobre ella y unos hermosos ojos tan parecidos a los de sus dos hijos se mostraban ante ella
—No debes cargar con los errores de otros, no es nuestra culpa, nunca lo fue, como padre guiamos y ayudamos a nuestros hijos a ser, pero no podemos cargar con el peso de sus actos, fuiste una estupenda madre para ella a pesar de que tanto tú como yo sabíamos muy dentro de nosotros la verdad
—Caleb…
Él sonrío a su esposa y alejo sus cabel