Un marido para la princesa. Capítulo 3. Verdades descubiertas
Christian Goldman
Sentía mi cuerpo temblar, el ardor en mi estómago era insoportable, como si alguien me taladrara o enterrara un objeto punzante y se dedicara solo a seguir moviéndolo en mi herida, de repente escuché unos pasos y voces que no quise identificar a quien pertenecían, porque la bruma en mi mente me impedía pensar.
—Llevémoslo para que lo atiendan. Se ve muy débil —dijo uno de los hombres.
—¿Cómo no va a estar así? Mira sus labios están por completo agrietados, al parecer ni agua l