Un marido para la princesa. Capítulo 2. El cinismo de Leonard
Christian Goldman
Abrí los ojos lentamente, sentí mi lengua pegada a mi paladar, mis labios secos adheridos uno a otro, mi cuerpo era un amasijo de dolor, tristeza, sufrimiento, lamentaba que eso significaba que seguía con vida y yo no quería continuar, porque ya nada tenía valor para mí, pero era demasiado cobarde para intentar privarme yo mismo de ella y para mi desgracia, la muerte me huía. Mi conciencia me torturaba día y noche de manera incesante por haber destruido lo único hermoso que tu