Capítulo 134. A sangre y fuego.
La puerta maciza se terminó de abrir con una patada violenta.
La madera rota golpeó la pared con un estruendo sordo.
Fernando Zaldiviar irrumpió en la habitación de seguridad. Tenía la escopeta táctica levantada y los ojos encendidos de rabia pura. Su camisa blanca tenía unas pocas manchas de sangre fresca a la altura del vientre.
—¡Apártate de mi camino, Elías! —rugió el heredero, apuntando el cañón directo al centro del pecho del ejecutivo.
Elías no retrocedió ni un solo milímetro. Plantó los