CAPÍTULO 28: NADIE VENDRA A SALVARTE (II)
La mirada de Svetlana se endureció, aunque su corazón latía con tanta fuerza que sentía que podría estallar. Dio un paso atrás, manteniendo la distancia con Ricardo, pero sus manos comenzaron a temblar.
—Aléjate, Ricardo. No sé qué estás haciendo aquí, pero esto no te va a salir bien.
Él dejó escapar una carcajada oscura, llena de desprecio. El olor a alcohol llegó hasta ella.
—¿De verdad crees que me importa cómo termine esto? —dijo con voz cargada de