Muchos días me encontraba a mi esposo mirandome fijamente, aunque yo le apartaba la mirada enseguida, ya que sus preciosos ojos verdes me hacían que me derritiera y no podía dejar que cayera en su brazos por una simple mirada suya. El momento más duro supongo que para los dos era, cuando le apagamos la luz del dormitorio a mi hija, viendo quedarse de pie sin moverse a Mark en el pasillo, observando, cuando iba a cerrar la puerta del dormitorio donde yo dormía. viendo en sus preciosos ojos como