A la mañana siguiente.
Los primeros rayos del sol de la mañana se filtraban tenuemente entre las gruesas cortinas de la Bridal Suite.
Isabella despertó poco a poco y parpadeó varias veces. Cuando terminó de recuperar la conciencia, movió una mano y descubrió que la gruesa manta que la había cubierto durante la noche ya no estaba sobre ella; se había deslizado hasta su cintura.
—¡Dios mío! ¿Dormí tan profundamente? ¿Me habrá visto vestida así? ¿Acaso... anoche también durmió en esta cama? —murmur