Isabella se quedó inmóvil. Contuvo la respiración en la garganta hasta sentir el pecho oprimido. Sus dedos apretaron con fuerza la bolsa de tela dentro del cajón, sin atreverse a mover un solo músculo.
Desde la penumbra de la habitación, sus ojos miraron con cautela hacia la cama. El cuerpo de Liam apenas se movió sobre el colchón. Se giró de espaldas al armario mientras se subía la sábana hasta el pecho.
—Hace mucho frío, cariño... —murmuró Liam con voz ronca e ininteligible.
Mantuvo los ojos