—P-pero, Liam... ¡espera! —balbuceó Juan. Sus dos manos sujetaron las muñecas de Liam, intentando aflojar el fuerte agarre que estrangulaba la tela del cuello de su traje.
Los ojos de Juan se movieron con pánico mientras contemplaba fijamente la mandíbula rígida de Liam. Estaba completamente conmocionado y confundido.
Las acciones de Isabella no tenían ningún sentido para él. Durante todo este tiempo, Juan había visto con sus propios ojos cómo los ojos de Isabella se iluminaban llenos de cariño