Liam se recostó lentamente sobre la suave cama, justo al lado de Isabella. Giró el cuerpo hacia ella, apoyó la cabeza sobre una mano y contempló fijamente el rostro de la joven, que dormía profundamente. Poco a poco, una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
Isabella ni siquiera había tenido tiempo de quitarse el maquillaje. Bajo la tenue luz que iluminaba la habitación, dormía plácidamente, y su rostro seguía viéndose increíblemente hermoso y fresco.
—Sin maquillaje ya eres muy hermosa... pero