—Señorita, ¿por qué parece estar tan asustada?
La pregunta salió fría de los labios del hombre, haciendo que todas las articulaciones de Isabella parecieran quedar rígidas. Cerró los ojos con fuerza y contuvo la respiración mientras esperaba que le agarraran bruscamente la mano o que tiraran del cuello de su abrigo.
Sin embargo, lo siguiente que escuchó no fue un grito, sino el sonido de un objeto duro siendo arrastrado sobre el suelo del autobús.
El hombre de complexión firme se inclinó lentam