En la sala de reuniones principal del último piso de las oficinas de Reyes Group, la tensión que normalmente envolvía el lugar se disipó de repente. El pequeño estallido del corcho al salir de una botella de champán añejo, de elegante cuello, rompió el silencio de aquella tarde.
Liam permanecía erguido en el extremo de la larga mesa de madera. Sus dedos sujetaban el tallo de una copa de cristal llena de un líquido dorado, ligeramente espumoso. Su saco de oficina descansaba sobre el respaldo de