La puerta del apartamento frente a Isabella se abrió lentamente con un suave chirrido. Claudine apareció en el umbral, vestida con un largo vestido de seda color granate.
Una sonrisa torcida y cargada de burla apareció de inmediato en los labios de Claudine cuando su mirada se posó sobre el rostro pálido de Isabella.
—Llegaste justo a tiempo, Isabel —la saludó Claudine con voz baja, pero afilada. Dio dos pasos hacia atrás para dejarle espacio, sin apartar la mirada de Isabella—. Entra. No hagas