Isabella cambió de posición con nerviosismo, moviendo rígidamente los dedos sobre su regazo.
—Respóndeme, Isabel... amas a Liam, ¿verdad? —insistió Juan, observando de reojo el rostro sonrojado frente a él.
—¿Acaso... es tan evidente, Juan, como para que puedas llegar a esa conclusión? —respondió Isabella en voz baja, lanzando deliberadamente una pregunta indirecta para ganar tiempo y ocultar su nerviosismo.
—Es muy evidente, Isabel. Tu preocupación, tus cuidados, incluso tu determinación por a