31. Extrañeza
Gerald ya está arreglado y perfumado cuando su esposa también está lista. Scarlett se acaricia su vientre y una timidez que la embarga lo tienta a verla con fijeza. La suavidad con la que la mira es estranguladora, extrañando la respiración tranquila, ese latido calmado, el olor de su pelo ya dentro de la mente como un ladrón hurgando. Esa lejanía, sea centímetros, lo molestan. Ella, hermosa como siempre, con el aura de un ángel, ligeramente avergonzada por esas mejillas rojas, se acerca sin de