59. La tumba de Florencia tiene las respuestas
Mientras tanto, en la mansión Gallo, a Marcello se le había notificado la presencia de su jefe y amigo, en compañía de Marianné.
— Remo, Marianné. No los esperaba — saludó, contrariado, invitándolos a pasar.
Marianné sonrió un tanto nerviosa, pues durante todo el camino, su hombre y padre de su futuro hijo se había mostrado demasiado inquieto.
Cuando llegaron a la biblioteca, donde nadie los interrumpiría, Remo miró a su amigo, sosteniendo fuertemente la mano de la única mujer que lo podía mante