46. Los guardias ya tienen órdenes de no dejarte salir
— ¿Remo? — musitó Marianné, girándose, contrariada, aunque feliz de verlo allí, pues si Fabio le decía a él lo que acababa de contarle a ella, las cosas serían muy distintas — Que bueno que estás aquí, escucha, Fabio…
Pero él ni siquiera reparó en ella del todo, y a cambio, continuó caminando hasta donde estaba su hermano, y lo señaló con advertencia.
— Deja de llenarle la cabeza de basura, Fabio, te lo advierto, y no sé cómo conseguiste hacerla venir, pero…
— ¡Fabio no me pidió que viniera!