Tras un viaje de dos horas que se le hizo eterno, la limusina finalmente se detuvo frente a una casita a orillas del agua. No era la fría fortaleza de concreto que Gloria había esperado; era un lugar exuberante, verde y tranquilo.
Gloria vestía unos jeans casuales y la sudadera con capucha extragrande que Ethan le había traído al motel.
Viktor llevaba unos sencillos pantalones de chándal negros y una camiseta holgada que no lograba ocultar del todo el volumen de sus músculos.
Salió del auto y,