La sala de alumbramiento del hospital general de Ashford Falls se percibía fría.
El aire proveniente del sistema de climatización, encendido con demasiada intensidad, hacía que la temperatura en el interior asemejara un día invernal en pleno verano. Las luminarias del techo resplandecían con fuerza, deslumbrantes, proyectando su claridad sobre cada rincón de aquel espacio dominado por un blanco pulcro: paredes blancas, piso de cerámica blanca, sábanas blancas en el lecho dan la bata médica bla