Esa mañana, la luz del sol se filtraba por la ventana de la habitación, la cual Christian había reparado unas semanas atrás. Ya no quedaban aquellas pequeñas rendijas que antes servían de paso al viento frío y al polvo. Ahora la ventana cerraba herméticamente y, al abrirla, dejaba entrar con libertad la luz del sol, que inundaba todo el cuarto con una calidez reconfortante.
Christian estaba de pie frente al espejo que había comprado apenas tres días antes.
No era un espejo grande; medía aproxim