Esa mañana, la atmósfera en el comedor de la familia Hale se sentía más acogedora que de costumbre. La luz matutina se filtraba por el amplio ventanal, dibujando matices luminosos sobre el pulido piso de mármol blanco. Los pájaros aún trinaban con dinamismo en el jardín posterior y la brisa fresca del amanecer continuaba soplando, trayendo consigo la fragancia de las flores en pleno esplendor. Sobre la larga mesa de madera de teca, el banquete del desayuno permanecía dispuesto de manera apetito