LUCIANA :
Desde lejos se puede notar la incomodidad de mi guapo jefe y se despega de ella con el ceño fruncido.
—Le pido que por favor mantenga la distancia de mí señorita Olivero.
Dice con seriedad y sonrío victoriosa.
—Oh lo siento, pero como ya le he dicho otras veces… Puede llamarme Mari.
Dice con una sonrisa comiéndoselo con los ojos.
Ambas mujeres dirigen su vista hacia mí y me miran con desagrado.
—¿Quién es la señora?
Pregunta la mujer mayor.
—Es la asistente del joven Andrew.