38. INTIMIDACIÓN
Capítulo treinta y ocho: Intimidación
Angelo deslizó las manos hasta los hombros y le besó en la boca. Fue un beso duro que despertó la pasión en el cuerpo de la joven. Cuando al fin se apartó, Angelo le dirigió una mirada helada, sin demostrar compasión o pesar alguno por haberla humillado de esa forma.
—¿Por qué, Teresa... por qué? —preguntó Angelo con agresividad—. ¿Hay algún motivo o es que todavía sientes placer al oponerte a mí sólo por gusto?
—¡Eso no es justo! —se defendió Teresa al ins